La civilización occidental tuvo un golpe bajo en febrero cuando un pilar de sus valores, el Arzobispo de Canterbury, decidió que la aplicación de la ley islámica en Gran Bretaña es “inevitable” como signo de progreso y tolerancia. Al parecer, él es rehén de su propias palabras.
En la mente de Rowan Williams, todo parece razonable. “La gente podría sorprenderse,” contó a la BBC al justificar su insistencia en que la aplicación de la Sharia es inevitable, “pero yo espero que la sorpresa vaya asentándose cuando la gente piense en cómo la ley y los principios religiosos son mejores cuando están acomodados juntos.” ¿¿Después de todo, no estaba ocurriendo eso de todas formas??
El Arzobispo de Canterbury, Rowan Williams hizo un llamado a los británicos a aceptar lo inevitable y que se adopte la ley islámica en Gran Bretaña para los musulmanes que viven ahí.
“De hecho, ciertas partes de la Sharia están reconocidas en nuestra sociedad y por nuestra ley,” dijo el líder de la Iglesia de Inglaterra, citando preceptos legales referentes a objeciones de fe respecto al aborto.
Pero el asunto no tiene que ver con el derecho a abstenerse a ciertos asuntos, sino la integración completa de la p
oblación británico-musulmán dentro de un sistema legal alternativo regido por una teocracia antidemocrática.
“En una sociedad pluralista, todos los ciudadanos son iguales ante la ley y los dichos del Arzobispo minan directamente ese principio,” dijo Alastair McBay de la Sociedad Nacional Secular a la U.K. Press Association.
Todo es parte de una pendiente por la cual Gran Bretaña ha resbalado sin poder detenerse.
“Tenemos escuelas segregadas, grupos scout segregados e incluso baños segregados para musulmanes,” notó McBay.
Lo que es peor, Gran Bretaña posee un sistema especialmente vulnerable porque muchas de sus leyes no están escritas, a excepción de la tradición legal conocida como Common Law. Asi que lo que el Arzobispo propuso, bajo el disfraz de la tolerancia, es nada más ni nada menos que deshacerse de la mano invisible del Estado de Derecho.
Naturalmente, el Arzobispo basa su propuesta en lo que él presume son buenas intenciones. Pero de buenas intenciones está pavimentado el camino al infierno.
“Nadie en su sano juicio, creo, podría querer ver en este país una clase de inhumanidad que a veces parece estar asociado a la práctica de la ley en algunos Estados islámicos: los castigos extremos, las actitudes respecto a las mujeres, etc.” dijo Williams.
Entonces, no son las decapitaciones, las amputaciones, los matrimonios forzados, los apedreos, la circuncisión femenina, el velo, el apartheid sexual y el encarcelamiento de víctimas de violación lo que él está invocando. Sino que la mera tolerancia a las diferencias. Ah, claro!
Sin embargo, esto se trata de despojar a los británicos de sus derechos y garantías legales y es un peligro que W
illiams no entiende en profundidad. Él abre la puerta a esa posibilidad diciendo que la Sharia podría ser útil para asuntos familiares y matrimoniales, para empezar.
Aunque eso parece ser inocuo e insignificante, no es así. Lo que él propone podría terminar la prohibición sobre la poligamia, la revocación de los derechos hereditarios para las mujeres y hacer del divorcio un negocio sumamente fácil y barato.
Y no pararía ahí. Que el cielo ayude a cualquier musulmán que quiera cambiar de religión (es contrario a la ley islámica), o a quien quiera escribir otro “Versos Satánicos”, como hizo el apóstata islámico Salman Rushdie.
Esto también es contrario a una sentencia del año 2003, de la Corte Europea de Derechos Humanos que estima que la Sharia es “incompatible con los principios fundamentales de la democracia.”
Pero eso no le importa al Arzobispo. En sus declaraciones sobre tolerancia y progreso, él se felicita a sí mismo por su mente abierta a expensas de los derechos de los mismos musulmanes, muchos de los cuales han huído de las tiranías teocráticas del mundo musulmán, para practicar su religión libremente y en paz.
Lo más triste acerca de las proposiciones de Williams es que repudia la distinción histórica de Gran Bretaña como un lugar seguro para los disidentes religiosos, a partir de los tiempos de los colonizadores americanos.
Nunca más una disidente musulmán somalí como Ayaan Hirsi Ali encontraría en Gran Bretaña un lugar seguro. Con el Arzobispo apoyando a los mullahs, ella encontraría los mismos tormentos de los que escapó de Somalía, esperándola en Londres.
Para un Arzobispo que se supone vela por los más preciados valores de Occidente, su apoyo a tales nociones son el último grito de la intolerancia y la ignorancia. Más vale tener cuidado con las apreciaciones teológicas sobre asuntos político-sociales.
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Por Jorge Acuña