¿Qué habría ocurrido si en lugar de promover a su esposa como candidata a presidente, Néstor Kirchner hubiera pensado en presentarse a la reelección? Sin dudas, habría ganado. Tal vez, hasta habría obtenido más votos que ella.
Sin embargo, estimo que tras haber comenzado su segundo mandato, habríamos perdido todos.
Si no siendo presidente, ni siquiera jefe de gabinete o jefe de la bancada oficialista ni en diputados ni en senadores, los argentinos tenemos que soportar lo que estamos soportando, ¿qué sería de nosotros si este señor fuera presidente?
Es más, hasta me atrevo a aventurar –y no por ello soy golpista- que si Kirchner hubiera sido reelecto, hoy ya no sería presidente.
Cuando me pregunto quién podría haberlo acompañado en la fórmula, sólo unos pocos nombres me vienen a la cabeza. Capitanich, Massa o Rossi, por caso.
Por lo tanto, creo que si los argentinos vemos el vaso medio lleno en lugar de medio vacío, es una bendición que el patagónico haya pensado en su mujer a la hora de las candidaturas y no en sí mismo. ¿De lo contrario, dónde estaría hoy la Argentina?
Lo lamentable y retrógrado es que la candidatura de Cristina Elisabet Fernández no haya salido de una interna partidaria como en los Estados Unidos o en Francia, por ejemplo, sino de una decisión caprichosa.
En síntesis, si un Kirchner antojadizo puso a su mujer a presidir la Argentina, debería dedicarse entonces a apuntalarla y no a boicotearla. Hoy por hoy es quién más ha dañado la imagen y la gobernabilidad de su esposa.
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