Lo mismo lo podemos ver en la publicación del libro de Mario Spataro, “Pinochet, verdades incómodas”. O en el libro de la historiadora “Miguel Krassnoff: Prisionero por servir a Chile” de la historiadora Gisela Silva Encina, que tuvo éxito el año pasado. Precisamente por haberse convertido en un best-seller, la izquierda no lo soportó. De ahí que la madre de la terrorista Carmen Castillo, Mónica Echeverría presentará su libro “Krassnoff, arrastrado por su destino”.
Puesto que no puede defenderse Miguel Krassnoff ante esa señora loca y bipolar, ocupo este medio para hacerlo.
De la señora Echeverría le había leído el libro “Crónicas Vedadas”, en la que investigaba áreas que la historia que a la historiografía oficial no le interesaba, pasando por la Colonia, el siglo XIX, la matanza de Santa María hasta llegar al Gobierno Militar con Fernando Larios. Mi padre más perspicaz se dio cuenta que era para desprestigiar al Gobierno Militar. Al principio no reparé. ¿Por qué no le dedicó un capítulo a un terrorista del Mir o del Frente?
Mónica Echeverría sostuvo en ‘La Tercera’: “pero después fui descubriendo su vida, y ya no me det
uve más, porque era una vida increíble, siniestra, un bipolar que puede tener rasgos de ternura y, al mismo tiempo, una crueldad horrible. Además, estaba todo su pasado, que es muy fuerte“. Cabe señalar que la misma prensa de derecha, como es ‘La Tercera’ escribe a igual que la izquierda, cuando repite que Krassnoff era parte de “copula de la DINA”. ¿La prensa teme hacer su trabajo?
En el libro de la historiadora Gisela Silva Encina sobre Krassnoff, se señala que Krassnoff en 1991 -en democracia como le gusta decir a la izquierda-, recibió el galvano “Presidente de la República” a nombre de Patricio Aylwin. Después en una entrevista, Aylwin lo nombró despectivamente. ¿Qué se puede esperar de un DC? Primero los llaman, y luego los abandonan.
Si fuese realmente investigadora como la describe ‘La Tercera’, habría descubierto que en la publicación El Rebelde del grupo terrorista Mir, después del pronunciamiento militar, escribieron: “Hay un oficial de la DINA que es muy peligroso, pues tenemos antecedentes que muchos compañeros nuestros le han entregado información de mucho riesgo, sin mediar presión física o torturas. Ese individuo debe ser considerado como nuestro principal enemigo”. (La negrilla es mía).
Por su parte, el escritor Roberto Brodsky, que a los 15 años tuvo que irse al exilió porque su padre
era comunista afirma, también ‘La Tercera’ alega contra ‘la herencia cultural’ del régimen de Pinochet. La breve noticia cultural no precisa qué define por ‘herencia cultural’. Luego declara: “ante la responsabilidad del Estado de establecer la verdad y la justicia, porque fueron agentes del Estado organizados los que sacaron a chilenos de sus casas y nunca más aparecieron“. Para los escritores de la izquierda latinoamericana, los terroristas ni los revolucionarios no tienen de dilemas morales. En nombre de la justicia social, todo está permitido. Probablemente, Brodsky estaba hechizado con ‘El Che’, la guerrilla y el discurso delirante de la izquierda. Habla de la verdad, pero las medias verdades que le importa a la izquierda. Más mentiras y mitos que verdades.
Me quedo con las palabras de la historiadora Silva Encina para explicar la conducta de Mónica Echverría, Carmen Castillo y Robert Brodsky, basándose en una escuela deudora del marxismo: “el ser humano debe ‘liberarse’ de la verdad. La verdad es opresora. Nos limita, nos cohibe, nos obliga atenernos a la realidad, limitando nuestro derecho a expresar libremente lo que queremos”.
Archivado bajo: terrorismo | Etiquetado: columnistas, DDHH, FPMR, MIR, terrorismo

