A partir de los esfuerzos del Presidente francés Nicolas Sarkozy para lograr un acuerdo de paz definitivo entre Israel y Palestina, recuerdo los mismos esfuerzos realizados por el Presidente de Estados Unidos George W. Bush, en que se firmaron los acuerdos de Annapolis que fueron un gran paso en la consolidación del proceso de paz. Muchos dijeron que esos fueron intentos desesperados para crear un legado. Pero el legado de Bush es real, significativo y con el tiempo, la historia lo sabrá apreciar.
En una típica demostración de periodismo tendencioso y cinismo, en 2007 el sitio web de CNN decía que la conferencia de Annapolis, que trató el proceso de paz entre Israel y Palestina: “Ayuda a concretar un tremendo acuerdo de paz en la última etapa de su período presidencial, que podría cambiar la fortuna que tendrá Bush en los libros de historia, por ello está poniendo todo de su parte para que todo salga bien.”
CNN no es el primero, o el único, gran medio de comunicación que subestima a Bush. Él puso todos sus esfuerzos en Annapolis porque el apoyo a las democracias en el Medio Oriente es la única manera para lograr la paz y no porque, como lo pone CNN, “su legado en Medio Oriente está en entredicho debido a la guerra en Irak.” Sin embargo, su legado en Medio Oriente y en el resto del mundo está bien protegido.
La Conferencia de Annapolis no fue un acto de desesperación sino que otro paso lógico en el apoyo a la democracia en la región. Bush sabe que para derrotar al terrorismo es necesario quitar la base en la cual los terroristas se apoyan para extenderse y reclutar.
Los esfuerzos de Bush han producido grandes victorias y han traído grandes cambios en Medio Oriente, como el más reciente, que provocó la liberación de 50 millones de personas en Irak y Afganistán y el establecimiento de la democracia en donde dominaban dos de las más brutales dictaduras del planeta, mientras se libera a la población de grupos como Al Qaeda en Irak y de los talibanes en Afganistán, alejando a millones de la tortura, opresión y de la muerte.
Bush ha dado su apoyo a la democracia libanesa que ha estado bajo la presión de Siria e Irán y su grupo títere, Hezbollah. La liberación de Irak persuadió al líder de Libia Muammar Qaddafi a dar su brazo a torcer respecto al apoyo que dió al terrorismo islámico radical, por miedo a sufrir el mismo destino de Saddam Hussein.
El compromiso de Bush con la democracia, ha dejado en evidencia la equivocación que comete la izquierda al aseverar que la democracia en el Medio Oriente no sobrevivirá a siglos de rivalidad tribal, ya que pequeños pasos hacia la democracia se están observando en lugares como Egipto y Arabia Saudita.
Este Presidente ha hecho que muchos estén equivocados respecto a quienes hicieron ver la ingenuidad del “cowboy” tejano que dijo que “hemos encendido una llama… una llama en la mente de los hombres. Que abriga a aquellos que sienten su poder y quema a aquellos que luchan contra ella, y un día, esta llama eterna de la libertad llegará a las partes más oscuras del mundo.” La vemos en Irak hoy.
Los éxitos de Bush no son reconocidos o apreciados hoy en día, pero tampoco lo fueron los logros de Harry Truman por ejemplo. Al momento de dejar su puesto en 1952, nadie estaba pidiendo que su cabeza fuera instalada en el Monte Rushmore. Fue ampliamente considerado como un presidente inefectivo que peleó una guerra de gran costo económico y humano.
Supuestamente no daba la talla con el gigante querido por todos que lo precedió, Franklin D. Roosevelt. Las encuestas demostraban que su popularidad estaba bajo el 20%. Aún así, después de cinco décadas, él es reconocido como uno de los más grandes presidentes de la historia americana.
Truman actuó unilateralmente en la era de post-guerra para evitar que Grecia y Turquía se unieran al proyecto comunista. Truman le dijo al Congreso de su país: “La situación es tan urgente que requiere de acción inmediata y las Naciones Unidas y sus organismos no están en posición de extender su ayuda.”
Hoy, Corea del Sur es una vibrante democracia y una potencia económica de peso mundial. Grecia y Turquía son aliados en una Europa libre que ha expandido sus fronteras hasta Rusia, bien adentro de lo que alguna vez fue llamado “el imperio del mal”. Algún día, gracias a la visión de George W. Bush, la democracia regirá desde los Himalayas al Mediterráneo.
La batalla ciertamente no ha terminado, pero el compromiso de ganar ha sido establecido. En su discurso del Estado de la Unión de 2005, Bush declaró: “Todos los que viven en tiranía y sin esperanza tengan claro que Estados Unidos no ignorará su opresión, o perdonará a sus opresores. Cuando ustedes están de parte de la libertad, estaremos de su parte. Los reformadores democráticos que enfrentan la opresión, la prisión o el exilio sepan que Estados Unidos los ve por lo que son, los futuros líderes naciones libres.”
George W. Bush nunca ganará un Nobel de la Paz, que en estos días se han entregado a terroristas como Yasir Arafat o a bufones como Al Gore. Pero tampoco se lo dieron a Harry Truman. Todo lo que han hecho es lograr la paz definitiva al derrotar a los enemigos de la libertad y la democracia. Paz por medio de la fuerza, no paz por medio de la concesión.
Hablando sobre el trigésimo tercer presidente de Estados Unidos ante la primera generación de graduados post once de septiembre en West Point, Bush dijo: “Por las acciones que tomó, las instituciones que construyó, las alianzas que forjó y las doctrinas que asentó, el presidente Truman estableció las bases de la victoria occidental en la Guerra Fría. Como aquellos en tiempos de Truman, estamos estableciendo las bases de la victoria hoy.”
Lo simpático del tema de los legados presidenciales es que éstos no son escritos por el grupo editorial del New York Times ni por CNN y ni siquiera por la secretaría de prensa de la Casa Blanca. Son escritos por las páginas de la historia y son mejor entendidas a la distancia por la gente libre de las democracias que estos grandes presidentes liberaron o preservaron.
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