Trastorno de personalidad múltiple

Por Hernán Haines

Tal vez soñaba con, algún día, alcanzar la presidencia de la nación o recibir algún privilegio por parte del matrimonio presidencial. No ahorró palabras para defender hasta último momento a la ahora desechada resolución 125. Llegó a cerrar el debate y, de esa forma, se quedó con la última palabra luego de una interminable sesión.

Es inadmisible que el oficialismo vote contra su gobierno. Salvo que lo quieran herir de muerte”, afirmó.

Aventuró una catástrofe política si triunfaba el no a la resolución 125.

De la misma manera que la presidente de la nación habla de su marido como un salvador que sacó al país del infierno, el titular de la bancada del Frente para la Victoria en el senado, Miguel Angel Pichetto, citó: “Les aseguro que uno de ustedes me entregará”.

Más tarde, y luego del primer empate en la votación, sostuvo: “Jesús les dijo a sus discípulos: lo que tengamos que hacer, hagámoslo rápido”.

Nuevamente, otro empate y la definición por parte del vicepresidente Julio Cobos.

A esta altura del partido, ya son dos los salvadores de la patria, el ex presidente y el legislador rionegrino.

El trastorno de identidad disociativo o de personalidad múltiple es un diagnóstico controvertido descrito en el DSM IV (el manual de los trastornos mentales de la Asociación Americana de Psiquiatría) como la existencia de una o más identidades o personalidades en un individuo, cada una con su propio patrón de percibir y actuar con el ambiente.

Entre los profesionales de la salud mental existe un gran escepticismo contra la idea de que este diagnóstico representa en sí un desorden mental en vez de un delirio con base cultural o iatrogénica (una alteración del estado del paciente producida por el médico).

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