Ha sido llamado desde Hitler a un simio. Entre medio han existido muchas acusaciones de figuras públicas, algunos de ellos personajes electos, que dicen que él ha mentido, que es un idiota, un borracho, un imbécil, belzebú, George bin Bush, un terrorista y un hijo de perra.
Comparado con esos cariñosos términos, decir que él es un ambicioso petrolero que alegremente envió a muchachos norteamericanos a morir en los desiertos de Medio Oriente para que él y sus amigotes pudieran sacar beneficios económicos, es prácticamente un cumplido.
Antes que fuera electo en 2000 y después de ello, se le dijo a Estados Unidos que Bush era un simplón que carecía de la suficiente curiosidad intelectual. El famoso caricaturista norteamericano Gary Trudeau estaba feliz, estamos seguros de eso, al sostener el mito que el cuociente intelectual de Bush era de 91, el más bajo de cualquier presidente moderno. Los comediantes se han reído de él sin piedad alguna.
¿Y cómo ha respondido Bush a todos esos insultos? Con una gracia que pocos hombres, particularmente sus críticos, no podrían haber tenido.
“No creo que sirvamos mejor a nuestro país permitiendo que el discurso oficial se vuelva anti-ciudadano,” dijo Bush cuando se le pidió que contestara las acusaciones del senador Ted Kennedy que dijo que era un mentiroso.
El mismo Kennedy al cual Bush recibió generosamente como anfitrión en la Casa Blanca en 2001. En un gesto conciliador, el nuevo presidente invitó a Kennedy y toda su familia a ver la película “13 Días”, obra que relataba el manejo de los hermanos Kennedy, John y Robert, respecto a la crisis de los misiles cubanos de 1962.
Esa cortesía extendida a la familia Kennedy no fue inesperada. Durante la campaña de 2000, Bush prometió un retorno de la decencia a la Casa Blanca que fue embarrada por ocho años de la administración Clinton.
Sería difícil crear argumentos para decir que Bush falló en restarurar la integridad que la oficina ejecutiva estadounidense perdió bajo el reinado de su predecesor. Muchos en el mundo no están de acuerdo con sus políticas. Ese es su derecho y lo ejercen con palpable sorna. Pero el hombre ha sido muy respetuoso de todos sus críticos así como lo es con sus seguidores, incluso con la gran cantidad de críticos que lo han destruido como a ningún otro presidente.
Cuando Jimmy Carter dijo que “tan malo como el impacto adverso que ha tenido nuestro país alrededor del mundo, esta debe ser la peor administración de la historia,” Bush debió haber tenido buenas razones para disparar de vuelta. Douglas Brinkley, historiador presidencial de la Universidad Tulane y biógrafo de Carter, dijo que Carter utilizó “palabras de lucha.” Pero Bush, prefiriendo mantener la integridad de su cargo, se rehusó a contestarle. La administración sólo dijo que Carter es irrelevante.
Bush siguió un camino similar en la muerte de Ann Richards. Esta ex-gobernadora de Texas ofendió al padre de Bush, George H.W. Bush, en 1998, al decir que “Él nació en bandeja de plata.” También llamó a Bush “estúpido” cuando él compitió con ella, y ganó, en la carrera gubernatoria por Texas en 1994.
“Laura y yo rezaremos por ella y su familia,” dijo Bush después de la muerte de Richards. “La extrañaré… estoy muy triste por su fallecimiento.”
En septiembre de 2007, Keith Olbermann, de la cadena MSNBC, un hombre conocido por su odio a Bush, insidiosamente le preguntó al presidente: “¿Es que acaso usted no tiene sentido de la decencia, señor?”
Si, George Bush tiene sentido de la decencia, uno más desarrollado que el de aquellos que se ganan la vida criticándolo.
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Oie harto ridicula tu apologia de Bush… es como decir q Hitler era un idolo pk el loko no se cagaba a la señora.
Salu2.
Lo que Jorge dice es que Bush no trata a sus críticos como lo tratan a el.
BUSH MALDITO
[...] bien dijo nuestro colaborador Jorge Acuña, Goerge W. Bush “Ha sido llamado desde Hitler a un simio. Entre medio han existido muchas [...]