Los moderados no ganan elecciones

Por Jorge Acuña

Una de las cifras más impresionantes de las encuestas que se exhibieron durante los días finales de la campaña presidencial norteamericana fue aquella sobre la intensidad en el apoyo que daban los seguidores de Obama versus a la de los seguidores de John McCain. Los seguidores del demócrata expresaron entusiasmo y confianza en un 70%, llegando incluso a rozar el 80% en la víspera de las elecciones. Los seguidores del republicano, en contraste, raramente llegaron al 70% en este registro de pasión política.

En otras palabras, una gran cantidad de republicanos comprometidos con su partido no pensaban que McCain -con su tardía aceptación del régimen tributario de Bush, su oposición a las perforaciones petroleras en Alaska, y sus suaves posturas en temas como la inmigración y calentamiento global- sería un candidato ideal para el oficialismo.

¿Fue esta “fervorosa distancia” mostrada en la encuesta, lo que hizo imposible la derrota de Obama? Es difícil decirlo de manera fehaciente, pero es claro que un McCain no muy a tono con los ideales del Partido Republicano hicieron eco en Obama y los demócratas para culpar a la “codicia” de Wall Street como responsable de la crisis financiera global, provocando que el republicano no defendiera el libre mercado por sobre el control gubernamental.

Lo que también es claro es que, nuevamente, la coalición republicana de la era Reagan fue dividida en las primarias presidenciales, con Mitt Romney obteniendo votos de los entusiastas del libre mercado y Mike Huckabee absorbiendo a los conservadores religiosos. Como resultado, un “maverick”, que cuatro años atrás amenazó con cambiarse de partido, obtuvo la nominación por descarte, utilizando como medios de campaña su tremenda biografía como héroe de guerra.

El Partido Republicano fue de esa forma reeducado con una dolorosa lección este año: su éxito, como en el pasado, no proviene de las narraciones que capturan la imaginación de la gente, sino que de las ideas que funcionan, que resuelven los problemas de la gente -libertad económica, cautela ante el gasto del gobierno central, asertividad en la política exterior y en la defensa de los valores tradicionales.

Bob Dole, el nominado en 1996, también sufrió heridas de guerra. También eligió a un candidato a la vicepresidencia que electrizó a las bases del partido. Pero también tuvo un problema de credibilidad. Aunque de manera desinteresada sirviera a su país en la guerra, pocos creyeron que alguien que votó por tantos incrementos de impuestos en su carrera política haya visto la luz al final con la doctrina “Reaganomics”, aunque incluso haya puesto al autor de las políticas económicas de Reagan, Jack Kemp, en la nominación a la vicepresidencia. Bill Clinton no tuvo ningún problema en vencerlo.

McCain pudo haber nombrado como vicepresidente a una de las más excitantes mujeres políticos de los últimos tiempos en Estados Unidos, la gobernadora Sarah Palin, entusiasmando tanto a los conservadores sociales como a los conservadores económicos. Pero su campaña la mantuvo atada. Y es innegable que la gran razón por la cual él eligió a esta heroína conservadora para acompañarlo fue porque sus credenciales reaganistas habían sido puestas en duda.

En los próximos meses, el presidente electo Obama, y la House Speaker Nancy Pelosi junto a otros líderes demócratas dirán que hemos sido testigos de una realineación del paisaje político. Pero de hecho, y como el periodista Robert Novak hizo notar, Obama “habrá abierto la puerta para la ejecución de la tan demorada agenda liberal estadounidense, pero no ha recibido un mandato liberal tan amplio del electorado ni ha recibido una gran mayoría parlamentaria, lo que permitirá a los conservadores hacer sentir su presencia.”

Mientras una nueva generación de líderes republicanos resisten en Washington la llegada del socialismo y proyectan sus planes para 2010 y 2012, el Partido Republicano debe recordar que tuvo una buena oportunidad de mantener la Casa Blanca en 2008. Pero lo arruinó eligiendo la cáscara por sobre la sustancia.

5 comentarios

  1. McCain fue tan intradescente durante la campaña, que los medios demócratas lo borraron del mapa para centrarse en su compañera de fórmula. Ella conectaba , y el no.

  2. Sí, y eso llamó mi atención.
    La campaña de McCain fue demasiado tibia en comparación con la de Obama.

  3. Entre 2 demócratas, el electorado siempre va a preferir al con la (D) al final de su nombre.

  4. Demasiado fría la campaña republicana, al lado de la cuasi corrupta campaña demócrata, más bien complot mediático.

    Si los medios ya describían asesinado a Obama antes de las elecciones para convertirse en un martir, tipo John Kennedy.

    Fue vergonzoso. Quizá con un presidente negro ( que fue lo más mencionado por los medios) algunos estadounidenses se sentiras menos culpables de su historia, que a algunos parece les averguenza.

  5. Los blogs moderados y tibios tampoco marcan trascendencia, Jorge

Escribe un comentario