REVISTA JUPITER

"Moral es la felicidad de la mayoría" Adam Smith

Apple vs General Motors


El Comité de Medios y Arbitrios (Ways and Means Committee) de la Cámara de Diputados de los Estados Unidos está considerando una “Tasa de Responsabilidad por la Crisis Financiera”, un impuesto bancario que recaerá sobre algunas de las instituciones que nunca solicitaron dinero del TARP (“Troubled Asset Relief Program”, o “Programa de Alivio de Activos Problemáticos”), que nunca recibieron dinero del TARP, o que ya lo han devuelto. Para impulsar esta medida, sus promotores han estado provocando una ira generalizada contra el rescate bancario, ignorando descaradamente el hecho de que este impuesto punitivo castigaría tanto a las empresas que se cebaron ávidamente en el abrevadero público como resultado de la crisis, como a las que no lo hicieron.

Desde el advenimiento del capitalismo, los hombres de negocios han sido denunciados por las acciones corruptas de unos pocos aprovechados de la política. Para ayudar a entender que existe una diferencia, consideremos a dos personajes de la novela de Ayn Rand “La Rebelión de Atlas”, publicada en 1957. En el libro, Rand describe a dos tipos opuestos de hombres de negocios: los que ella llama los “productores” y los que ella llama los “saqueadores”.

Los productores, como Hank Rearden, el inventor de un nuevo metal más fuerte y más barato que el acero, trabajan incansablemente para crear productos que mejoran la vida humana. Los saqueadores son básicamente pseudo-empresarios, como el incompetente ejecutivo del acero Orren Boyle, que consigue riquezas inmerecidas a través de favores especiales de los políticos. Su negocio no es realmente un negocio, sino favoritismo político.

Son los productores los que hacen la vida posible: los que mantienen los estantes de las tiendas surtidos; los que descubren medicinas que salvan vidas; los que hacen ordenadores más rápidos, edificios más altos y aviones más seguros.

Los saqueadores, por su parte, son sanguijuelas despojando la riqueza creada por los productores.

La novela rechaza la noción generalizada de que tanto los productores (Rearden) como los saqueadores (Boyle) tienen en común el afán de lucro. Sólo los Reardens, Ayn Rand razona, merecen ser llamados buscadores de lucro, porque ellos obtienen sus recompensas a través de su esfuerzo productivo; los Boyles son parásitos anti-esfuerzo buscando un botín inmerecido.

Pero no sólo es riqueza inmerecida lo que los saqueadores buscan. En “La Rebelión de Atlas”, Boyle usa su influencia para subyugar a Rearden con controles y regulaciones gubernamentales cada vez más severas, puesto que él mismo no puede sobrevivir si no es arruinando a la competencia.

Los productores, sin embargo, no necesitan favores especiales, sólo libertad: libertad para producir, para comerciar voluntariamente y, si tienen éxito, para quedarse con los beneficios. Conforme un país se vuelve menos libre, crea y desata más y más Boyles, quienes triunfan a costa de los Reardens.

Hoy América es todavía un país de productores. Nuestro país está lleno de industriales, directivos y financieros que muestran las rigurosas normas de calidad, la excepcional inteligencia, y la extraordinaria ética de trabajo que caracterizan a los productores.

Por ejemplo, cuando Apple estaba a punto de lanzar el primer iPhone, Steve Jobs, director general de la compañía, miró al diseño del producto y le anunció a su equipo: “Simplemente no me encanta esto. No puedo convencerme a mí mismo de enamorarme de esto”. El Sr. Jobs le estaba pidiendo a su equipo que tirara por la borda un año entero de trabajo y que empezara de nuevo. “¿Y sabéis lo que dijeron todos?” Jobs dijo después. “Estamos contigo.” Esa es la mentalidad de un productor – el compromiso de no conformarse con nada que no sea lo mejor de cada uno. Es una mentalidad que aún se puede encontrar en muchos sectores de la economía.

Pero los Boyles están en alza, engordando con rescates, subsidios y otras jugosas oportunidades de aprovecharse políticamente. Por cada productor como John Allisson del banco BB&T, que se opuso al rescate de Washington y fue forzado a aceptar dinero del gobierno, parece haber diez como el anterior director general de la General Motors, Rick Wagoner, exigiendo dinero de los impuestos para mantener a flote a sus fracasadas empresas.

Mientras tanto, los Boyles de la vida real de hoy están constantemente haciendo presión para que el gobierno les imponga restricciones a sus más capaces competidores. ¿Recordáis cuando el über-productivo Bill Gates comenzó a regalarles navegadores de Internet gratis a sus clientes, y Netscape corrió a Washington a exigir que Microsoft fuese encadenado con las leyes anti-monopolio?

Es cierto, puede ser difícil a veces distinguir a los productores de los saqueadores. Conforme el gobierno se entromete más y más en nuestros asuntos económicos, incluso los Reardens de la vida real se ven forzados a acudir a Washington – no para obtener beneficios inmerecidos, sino para protegerse de los Boyles. (No es un accidente que Microsoft, antes de ser sometido al fuego anti-monopolio, no gastara virtualmente nada en lobbies y grupos de presión, y que hoy gaste muchos millones). Además, muchos hombres de negocios son casos mixtos – parte productor, parte aprovechado político.

Pero por más difícil que sea clasificar a hombres de negocios específicos, es crucial mantener esas dos categorías separadas cuando ensalcemos o condenemos a los hombres de negocios que aparecen en los titulares y ante las audiencias del Congreso. Si no lo hacemos, serán los Boyles los que se beneficien y los Reardens los que sufran.

+++

Por Yaron Brook y Don Watkins. (Publicado en The Christian Science Monitor, 2 de Marzo de 2010)
Traducido, editado y publicado con permiso del Ayn Rand Institute.  Derechos reservados.

Yaron Brook es el presidente del Ayn Rand Center for Individual Rights. Don Watkins es analista del Ayn Rand Center for Individual Rights.

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Un pensamiento en “Apple vs General Motors

  1. El fundador de Apple conocía los dos libros de Rand. Rand estaría encatada con él.

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