REVISTA JUPITER

"Moral es la felicidad de la mayoría" Adam Smith

Separación de Estado y Ciencia


por Objetivismo 

Como el único objetivo legítimo de un gobierno es proteger los derechos del individuo, es impropio que el gobierno participe en la investigación científica, sea financiándola, sea supervisándola y regulándola.

Una sociedad libre requiere una separación total de ciencia y Estado. Toda investigación científica y tecnológica debería ser realizada y financiada por la iniciativa privada. No deberían existir laboratorios de investigación del gobierno ni organismos científicos del gobierno. Esto, por supuesto, sería un contraste radical a la situación actual, en la que la investigación básica está siendo financiada esencialmente por el gobierno y supervisada por agencias gubernamentales que son las que administran los fondos (NIH, NSF, la NASA, NOAA, etc., ad infinitum).

Las áreas en las que las funciones correctas del gobierno tienen que ver con la ciencia incluyen la protección de los derechos de propiedad intelectual (como patentes de innovaciones tecnológicas) y la investigación tecnológica en la medida en que tiene que ver con aplicaciones militares.

Preguntas y Respuestas con Ayn Rand

¿Debería el crecimiento de la Tecnología y de la Ciencia estar restringido por el Estado?

Para sobrevivir, el hombre tiene que descubrir y producir todo lo que necesita, y eso significa que tiene que modificar su entorno y adaptarlo a sus necesidades. La naturaleza no le ha equipado de forma que él pueda adaptarse a su entorno como los animales hacen. Desde las culturas más primitivas hasta las civilizaciones más avanzadas, el hombre ha tenido que producir cosas; su bienestar depende del éxito de su producción. La tribu humana más baja no puede sobrevivir sin esa supuesta fuente de contaminación: el fuego. No es meramente simbólico que el fuego fuese la propiedad de los dioses que Prometeo le trajo al hombre. Los ecologistas son los nuevos buitres revoloteando para apagar ese fuego.

Nada puede aumentar la productividad de un país excepto la tecnología, y la tecnología es el producto final de un conjunto de ciencias (incluyendo la filosofía), cada una de ellas mantenida viva y avanzando gracias a los logros de unas pocas mentes independientes.

La exigencia de “restringir” la tecnología es la exigencia de restringir la mente del hombre. Es la naturaleza – es decir, la realidad – la que hace que estos dos objetivos sean imposibles de alcanzar. La tecnología puede ser destruida, y la mente puede ser paralizada, pero ni la una ni la otra pueden ser restringidas. En cada ocasión y en cada lugar en el que esas restricciones son intentadas, es la mente – no el Estado – lo que se extingue.

La tecnología es la ciencia aplicada. El progreso de la ciencia teórica y de la tecnología – o sea, del conocimiento humano – está impulsado por una suma tan compleja e interconectada del trabajo de mentes individuales que ningún ordenador ni comité sería capaz de predecir y prescribir su curso. Los descubrimientos en una rama del conocimiento conducen a descubrimientos inesperados en otra; los logros en un campo abren innumerables caminos en todos los demás. El programa de exploración espacial, por ejemplo, ha dado lugar a avances valiosísimos en medicina. ¿Quién puede predecir cuándo, dónde o cómo una información concreta iluminará una mente activa, y lo que eso producirá?

Restringir la tecnología requeriría omnisciencia – un conocimiento completo de todos los posibles efectos y consecuencias que tendría un descubrimiento determinado en todos los innovadores potenciales del futuro. Si no se tiene omnisciencia, las restricciones representan la tentativa de regular lo desconocido, de limitar lo no nacido, de establecer normas para lo no descubierto.

Y es más: una mente activa no funcionará por permiso. Un inventor no pasará años de lucha dedicado a un trabajo penosísimo si el destino de su trabajo depende, no del criterio de una verdad demostrable, sino de la decisión arbitraria de algunas “autoridades”. Él no se aventurará en una dirección en la que los obstáculos le son colocados en cada esquina, en forma de la horrenda necesidad de tener que pedir, conseguir y suplicar el consentimiento de un comité. La historia de los principales inventos, incluso en sociedades semi-libres, es un récord vergonzoso en lo que se refiere a la sabiduría colectiva del consenso profesional establecido.

Si consideráis, no sólo la esperanza de vida, sino también el tipo de vida que los hombres tienen en las regiones subdesarrolladas del mundo – la “calidad de vida”, para usar, en todo su significado, la frase hecha de los ecologistas que no significa nada – si consideráis la indigencia, la miseria, el desamparo, el miedo, el trabajo increíblemente duro, las enfermedades purulentas, las pestes, el hambre, empezaréis a apreciar el papel de la tecnología en la existencia del hombre.

¿Debería el Estado intervenir para frenar la contaminación y limitar el daño a la naturaleza causado por la industria?

Polución en las ciudades y ríos sucios no son buenos para los hombres (aunque no representen el tipo de peligro que los profetas del pánico proclaman). Se trata de un problema científico, tecnológico – no político – y puede ser resuelto sólo con tecnología. Pero aunque la polución fuese un riesgo para la vida humana, debemos recordar que la vida en la naturaleza, sin tecnología, es muerte al por mayor.

En cuanto a la cuestión de la contaminación real, es fundamentalmente un problema científico, no político. En relación con el principio político de que se trata: si un hombre crea un peligro físico o un perjuicio para otros que se extiende más allá de la línea de su propiedad, tal como condiciones insalubres o incluso ruido fuerte, y si ello sedemuestra, la ley puede y debe hacerle responsable. Si la condición es colectiva, como lo es en una ciudad super-poblada, una legislación apropiada y objetiva puede ser definida, protegiendo los derechos de todos los participantes – igual que se ha hecho en el caso de los derechos de petróleo, del espacio aéreo, etc. Pero tales leyes no pueden demandar lo imposible, no deben estar apuntadas a un único chivo expiatorio – los industriales – y debe tener en cuenta todo el contexto del problema, que es la absoluta necesidad de que la industria continúe existiendo – si la preservación de la vida humana es el criterio.

Se ha reportado en la prensa muchas veces que el problema de la contaminación va a ser la próxima gran cruzada de los activistas de la Nueva Izquierda, después que la guerra de Vietnam se acabe. Y de la misma forma que la paz no era su objetivo ni su motivación en esa cruzada, tampoco es el aire limpio su objetivo ni su motivación en esta.

Ahora observad que en toda la propaganda de los ecologistas – en medio de todas sus apelaciones a la naturaleza y sus súplicas por la “armonía con la naturaleza” – no hay ninguna discusión sobre las necesidades del hombre y los requerimientos de su supervivencia. El hombre es tratado como si fuera un fenómeno no natural. El hombre no puede sobrevivir en el tipo de estado natural que los ecologistas imaginan – es decir, al nivel de los erizos de mar o los osos polares. . . .

Para sobrevivir, el hombre tiene que descubrir y producir todo lo que necesita, lo cual significa que tiene que modificar su entorno y adaptarlo a sus necesidades. La naturaleza no le ha equipado a él para que pueda adaptarse a su entorno de la forma que los animales lo hacen. Desde las culturas más primitivas hasta las civilizaciones más avanzadas, el hombre ha tenido que fabricar cosas; su bienestar depende del éxito de su producción. La tribu humana más baja no puede sobrevivir sin esa supuesta fuente de contaminación: el fuego. No es un meramente simbólico que el fuego fuese la propiedad de los dioses que Prometeo le trajo al hombre. Los ecologistas son los nuevos buitres revoloteando para apagar ese fuego.

¿Cuál es el objetivo del movimiento ecológico?

El objetivo inmediato es evidente: la destrucción de lo que queda de capitalismo en la economía mixta de hoy, y el establecimiento de una dictadura global. Este objetivo no necesita ser inferido: muchos discursos y libros sobre el tema indican explícitamente que la cruzada ecológica es un medio para ese fin.

La ecología como principio social. . . condena a las ciudades, la cultura, la industria, la tecnología y el intelecto, y aboga por el retorno de los hombres a “la naturaleza”, al estado de subanimales gruñidores cavando el suelo con sus propias manos.

Observad ahora que en toda la propaganda de los ecologistas – en medio de todas sus apelaciones a la naturaleza y sus súplicas por la “armonía con la naturaleza” – no hay ninguna discusión sobre las necesidades del hombre y los requerimientos de susupervivencia. El hombre es tratado como si fuera un fenómeno no natural. El hombre no puede sobrevivir en el tipo de estado natural que los ecologistas imaginan – es decir, al nivel de los erizos de mar o los osos polares. En ese sentido, el hombre es el más débil de los animales: nace desnudo y desarmado, sin colmillos, garras, cuernos o conocimiento “instintivo”. Físicamente, sería una presa fácil, no sólo para los animales superiores, sino también para la más baja de las bacterias: es el organismo más complejo y, en una pugna de fuerza bruta, es extremadamente frágil y vulnerable. Su única arma – su medio básico de supervivencia – es su mente.

Para sobrevivir, el hombre tiene que descubrir y producir todo lo que necesita, lo cual significa que tiene que modificar su entorno y adaptarlo a sus necesidades. La naturaleza no le ha equipado a él para que pueda adaptarse a su entorno de la forma que los animales lo hacen. Desde las culturas más primitivas hasta las civilizaciones más avanzadas, el hombre ha tenido que fabricar cosas; su bienestar depende del éxito de su producción. La tribu humana más baja no puede sobrevivir sin esa supuesta fuente de contaminación: el fuego. No es un meramente simbólico que el fuego fuese la propiedad de los dioses que Prometeo le trajo al hombre. Los ecologistas son los nuevos buitres revoloteando para apagar ese fuego.

¿A quién y qué están atacando los cruzados ecológicos? No el lujo de los “ricos ociosos”, sino la disponibilidad de “lujos” para las grandes masas de personas. Denuncian el hecho de que los automóviles, los aparatos de aire acondicionado y los televisores ya no son sólo juguetes de los ricos, sino que están al alcance de un trabajador americano medio, un beneficio que no existe y ni siquiera es completamente creíble en ningún otro lugar de la tierra.

¿Qué es lo que ellos consideran que sería la vida apropiada para las personas que trabajan? Una vida de trabajo insoportable, interminable, gris, sin descanso, sin viajes, sin placer – especialmente sin placer. Esos drogados hedonistas fornicadores no saben que el hombre no puede vivir sólo para el trabajo, que el placer es una necesidad, y que la televisión le ha traído más felicidad a más vidas humanas que todos los parques públicos y viviendas subsidiadas, juntos.

¿Qué es lo que ellos consideran lujo? Cualquier cosa por encima de la “necesidades básicas” de la supervivencia física – explicando que los hombres no tendrían que trabajar tanto si no fuera por las “necesidades artificiales” creadas por el “comercialismo” y el “materialismo”. En realidad, lo contrario es verdad : cuanto menos sea el retorno de tu trabajo, más difícil es el trabajo. Es mucho más fácil adquirir un automóvil en la ciudad de Nueva York que una comida en la selva. Sin máquinas y sin tecnología, la tarea de la mera supervivencia es una experiencia terrible que destroza mente y cuerpo. En “la naturaleza”, la lucha por conseguir comida, vestido y vivienda consume toda la energía y el espíritu de un hombre, es una batalla perdida – y el vencedor es cualquier inundación, terremoto o enjambre de insectos. (Considerad los 500.000 cadáveres que dejó una sola inundación en Pakistán; eran personas que vivían sin tecnología). Trabajar exclusivamente para satisfacer sus necesidades básicas es un lujo que la humanidad no puede permitirse.

¿Quién es el primer objetivo de la cruzada ecológica? No, no son las grandes empresas. Las primeras víctimas serán un grupo específico: los que son jóvenes, ambiciosos y pobres. Los jóvenes que trabajan abriéndose camino en la universidad, las jóvenes parejas que planean su futuro, haciendo el presupuesto de su dinero y su tiempo; los hombres y mujeres jóvenes que aspiran a una carrera; los artistas, escritores y compositores que luchan porque tienen que ganarse la vida mientras desarrollan sus talentos creativos; cualquier ser humano con un objetivo – o sea, lo mejor de la humanidad. Para ellos, el tiempo es un bien sin precio, que necesitan apasionadamente. Ellos son los principales beneficiarios de las cafeteras eléctricas, los alimentos congelados, las lavadoras y otros inventos que ahorran trabajo. Y si la producción y, sobre todo, la invención de estos dispositivos se ve atrasada o reducida por la cruzada ecológica, que será uno de los peores crímenes contra la humanidad – sobre todo porque la agonía de las víctimas será privada, sus voces no serán escuchadas , y su ausencia no se notará públicamente hasta una o dos generaciones más tarde (momento en el cual, los sobrevivientes no será capaces de darse cuenta de nada).

Si consideráis, no sólo la esperanza de vida sino también el tipo de vida que los hombres tienen en las regiones subdesarrolladas del mundo – la “calidad de vida”, para usar, en todo su significado, la frase hecha de los ecologistas que no significa nada – si consideráis la indigencia, la miseria, el desamparo, el miedo, el trabajo increíblemente duro, las enfermedades purulentas, las pestes, el hambre, empezaréis a apreciar el papel de la tecnología en la existencia del hombre.

No os engañéis sobre esto: es la tecnología y el progreso lo que los amantes de la naturaleza están empeñados en destruir. Citando de nuevo de la encuesta deNewsweek: “Lo que les preocupa a los ecologistas es que ahora la gente molesta por el medio ambiente puede, en última instancia, querer apoyarse en la tecnología para resolver todo. . . “. Esto se repite una y otra vez: las soluciones tecnológicas, según ellos, sólo servirán para crear nuevos problemas.

¿Debe el Gobierno financiar la Ciencia?

El mal fundamental de las subvenciones del gobierno es el hecho de que los hombres se ven forzados a pagar por el apoyo de las ideas diametralmente opuestas a las suyas propias. Esa es una seria violación de la integridad y la consciencia de un individuo. Es brutalmente malvado quitarles el dinero a hombres racionales para apoyar a B.F. Skinner – o viceversa. La Constitución prohíbe que el gobierno establezca formalmente la religión, considerando correctamente que es una violación de los derechos individuales. Dado que las creencias de un hombre están protegidas de la intrusión por la fuerza, el mismo principio debería proteger sus convicciones razonadas y prohibir los establecimientos gubernamentales en el campo del pensamiento.

Los que se aprovechan de las subvenciones del gobierno están generalmente entre los manifestantes que más virulentamente protestan contra “la tiranía del dinero”: la ciencia y la cultura — ellos claman – deben ser liberadas del poder arbitrario y privado de los ricos. Pero hay una diferencia: los ricos no pueden comprar toda una nación, ni forzar a un solo individuo. Si un hombre rico decide apoyar actividades culturales, puede hacerlo sólo en una escala muy limitada, y sufre las consecuencias de sus acciones. Si no hace uso de su juicio, sino que simplemente le da rienda suelta a sus caprichos irracionales, consigue lo contrario de sus intenciones: sus proyectos y sus protegidos son ignorados o despreciados en sus profesiones, y ninguna cantidad de dinero podrá comprarle influencia sobre la cultura. Al igual que publicar por vanidad, su empresa seguirá siendo un derroche privado sin mayor significado. La cultura está protegido de él por tres elementos invencibles: elección, variedad y competencia. Si él pierde su dinero en emprendimientos irresponsables, no perjudica a nadie más que a sí mismo. Y, por encima de todo: el dinero que gasta es su propio dinero; no les es arrancado por la fuerza a víctimas indefensas.

Si es incorrecto que el Gobierno financie la Ciencia, ¿es moral solicitar subvenciones del Gobierno para la investigación?

El crecimiento del Estado del Subsidio (mal llamado Estado del “bienestar”) está llegando a una etapa en la que prácticamente los únicos fondos disponibles para la investigación científica serán dinero del gobierno. (Los desastrosos efectos de esta situación y la vergonzosa situación de la ciencia patrocinada por el gobierno ya son evidentes, pero ese es un tema diferente. Lo que nos importa aquí es sólo el dilema moral de los científicos.)  Los impuestos están destruyendo los recursos privados, mientras que el dinero del gobierno está inundando y adjudicándose el campo de la investigación.

En estas condiciones, un científico está moralmente justificado en aceptar subvenciones del gobierno, siempre que se oponga a todo tipo de estatismo de subsidios. Como en el caso de los estudiantes que reciben becas, un científico no tiene por qué agregar más auto-martirio a las injusticias que ya sufre. Y él no tiene que entregar la ciencia a los Doctores Floyd Ferrises [una referencia a uno de los “malos” en La Rebelión de Atlas, que es un científico del gobierno].

Las subvenciones de investigación del gobierno, en su mayor parte, no tienen ataduras, es decir, no tienen controles sobre la libertad intelectual y profesional de los científicos (al menos, todavía no). Cuando y si el gobierno intenta controlar los aspectos científicos y / o los puntos de vista políticos de los beneficiarios de las subvenciones, ese será el momento para que los hombres de integridad abandonen. En la actualidad, ellos aún siguen siendo libres para trabajar – pero, más que cualquier otro grupo profesional, deben estar en alerta contra las crecientes presiones, graduales e insidiosas, de amoldarse a un tácito control-por-intimidación, que está implícito en tales condiciones.

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Fuentes:

“The Anti-Industrial Revolution,” Return of the Primitive: The Anti-Industrial Revolution
“The Moratorium on Brains, ” The Ayn Rand Letter
“The Left: Old and New,” Return of the Primitive: The Anti-Industrial Revolution
“The Lessons of Vietnam,” The Ayn Rand Letter
“The Establishing of an Establishment,” Philosophy: Who Needs It
“The Question of Scholarships,” The Voice of Reason

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8 pensamientos en “Separación de Estado y Ciencia

  1. Que absurdo, si no fuese por el financiamiento de los estados, nunca hubiésemos pisado la Luna, ni se intentaría descubrir los misterios del cosmos. Si solo la iniciativa privada se hiciera cargo de la ciencia, solo se producirían armas, en vez de descubrimientos que tienen un fin mayor que solo ganar algo tan ficticio e intrascendente como el dinero.

  2. revistajupiter en dijo:

    ¿financiamiento del estado? Eso no existe. El Estado no genera recursos como para “financiar” proyectos. El Estado confisca recursos de un grupo y los asigna arbitrariamente a otro.

  3. Javier Bazán en dijo:

    Justamente estaba reflexionando de que a la izquierda no le gustan los inventores, que luego se hacen millonarios si tienen suerte con su artilugio. Y a su vez, la izquierda quiere que el artilugio, que en un principio es caro, todos tengas acceso.
    Pero ellos -los izquierdistas-no aportan nada.

    Las palabras de Rand sobre la ecología son vidente. Se adelantó a su tiempo.

    • revistajupiter en dijo:

      Los soviéticos jugaban a la ciencia mientras sus ciudadanos tenían que comerse sus propios zapatos por la falta de alimentos.

      Lo más cercano que tenemos aquí al “estado científico” es Conicyt, que es una mafia de grupos de interés que lucra investigando temas que ya han sido investigados y que nadie lee.

  4. Y los fondecyt que se los ganan puros “investigadores” de izquierda para hacer “papers”, y los fondart que se los ganan puros “artistas” de izquierda para hacer “performance” y películas de exiliados y torturados que nadie ve.

  5. La verdadera ciencia está corriendo serio peligro. Se está convirtiendo en un instrumento al servicio de la política.
    Los “informes científicos” que de cuando en cuando sacan los privilegiados por Conycit, son obviedades que rayan en lo ridículo, con un costo de millones de dólares por “investigaciones” que cualquiera puede hacer en el patio de la casa.

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