REVISTA JUPITER

"Moral es la felicidad de la mayoría" Adam Smith

El bien común, no es bueno ni común


por Tomas Bradanovic

Ya se, debería haber cambiado de tema hace rato. Hasta a mi me aburre escribir más de dos días seguidos sobre lo mismo pero todavía me queda una cosa en el tintero y si no lo coloco ahora después se me va a olvidar. Se trata del bien común, concepto manoseado como pocos -tal vez amor o democracia le hagan el peso- ¿Que es en realidad el bien común?

Primero que todo una distinción importante: el bien común tiene un significado fuerte y otro débil. En su significado fuerte es lo percibido como bueno por todos los miembros de una comunidad, sin una sola excepción. Por ejemplo envenenar el agua potable es algo que claramente va contra el bien común, no hay una sola persona que lo pueda considerar bueno, porque todos consumen el agua y dependen de ella para su bienestar.
En su versión débil, el bien común es lo percibido como bueno para la mayoría, o para un grupo de influencia especial en la comunidad. Aquí la cosa se complica porque se supone que una de las facultades del estado es usar su aparato represivo para garantizar el bien común, entre otras cosas.
Es muy importante tener clara esta diferencia entre el concepto fuerte y el débil. Sobre el bien común fuerte nadie pone en duda su conveniencia pero, como existe ese acuerdo unánime, no es necesario que el estado lo proteja: nadie normal, por ejemplo, intentaría envenenar el agua que beben él y su familia.
El bien común débil es mucho más problemático. Partamos por el más aceptable en escala decreciente, el bien de la mayoría puede ser considerado legítimo en un sistema democrático que -si lo desnudamos de todos sus adornos- no es otra cosa que el gobierno donde manda la mayoría. Pero si nada lo limita no nos podemos quejar de las persecuciones que sufrieron los judíos en Alemania, por dar un ejemplo.
Luego tenemos el bien de los grupos de interés poderosos o con influencias: empleados públicos, ecologistas top, iglesias, consorcios empresariales, grandes sindicatos. Algunos se apoyan en motivos morales, otros en su poder económico o su capacidad para dar empleo para exigir que su propio bien sea considerado como bien común.
Finalmente el bien más restrictivo de todos es el más garantizado: el bien del gobierno de turno. Como el gobierno es quien representa y dispone del poder coercitivo del estado, todo lo que considere bueno para si será automáticamente considerado como bien común. Eso explica las leyes de seguridad del estado, las razones de estado, el cobro de impuestos y muchas otras actuaciones que hechas por un particular configurarían un delito. Lo que un gobierno considera bueno para sí generalmente también lo considera como un bien común.
Como vimos, el bien común en su forma debil es problemático porque siempre beneficia a unos a costa del perjudicar a otros. Incluso políticas que pueden parecer neutras, como las de salud pública, pueden violar muchas libertades individuales en nombre del bien común. Para que decir que todos se lo tratan de atribuir para pedir que el estado use su fuerza para protejer lo que a ellos les conviene, ejemplos hay miles.
Ante el bien común debil hay dos posturas: los colectivistas dicen que el bien común débil existe de acuerdo a una determinada visión ideológica. Las disputas entre ideologías se deben resolver a través de mecanismos políticos, sean elecciones, consensos o revoluciones, donde los grupos de interés luchan por imponer su voluntad.
Desde el punto de vista liberal el bien común débil no existe, no es otra cosa que intereses individuales agrupados, o como escribió mi amigo Juan y Medio “la suma confluyente de todas las mezquindades” y la forma de resolver los conflictos debiera ser a través de precios asignados por mecanismos de mercado. El estado no debería usar su aparato represivo para defender ningún bien común débil atropellando libertades individuales.
Como en democracia las mayorías hacen gobierno para satisfacer sus intereses, el bien de las mayorías y del gobierno son por definición inevitables. Claro que no pueden ser ilimitados por los abusos a que se prestaría en contra de la minoría. Los sistemas de equilibrios entre poderes autónomos, de estado mínimo, etc. son todas limitaciones para prevenir abusos contra las libertades individuales de la minoría.
El bien común que se arrogan grupos que no son demostradamente mayoritarios, o sea no están respaldados por legitimidad electoral no debería existir en una sociedad liberal. Las iglesias, fundaciones ecologistas, políticas, sindicales, empresariales, etc. jamás deberían disfrazar sus peticiones en nombre del bien común. Contrariamente a lo que se piensa el bien común no es superior a los bienes individuales. El bien individual es siempre superior al bien común.
La gran falacia consiste en disfrazar mi propio bien, o lo que yo considero bueno, como bien común y luego pedir que el estado use su aparato represivo para que lo defienda. Es una de las malas prácticas más comunes de la política.
Ah hay tantas cosas más sobre esto como los impuestos al pecado, algunas restricciones legales sobre drogas o salud pública, la educación obligatoria y tantas otras cosas que invocan al bien común, pero no pienso seguir por ahora. Lo dejaré para una entrada en el futuro. Durante un tiempo prometo que volveré a escribir sobre cosas importantes: copete, minas y el clima por ejemplo.

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3 pensamientos en “El bien común, no es bueno ni común

  1. Javier Bazán en dijo:

    Desde que leí Ayn Rand desconfío de la expresión ‘Bien Común’. Desde luego, que cuando la gente de derecha habla de ello, tiene en mente la definición de Tomás de Aquino.

  2. revistajupiter en dijo:

    Mi teoría es que por el bien común se castiga a individuos, uno a uno hasta que que no hay a quién más castigar. Ahí se crean enemigos imaginarios como “Emanuel Goldstein”.

  3. La gorda Bachelet era experta en considerarse la reencarnación de lo que llamas el “bien común débil”, proclamando reiteradamente frases tales como “lo que Chile quiere”, “lo que el pais necesita” sin preocuparse de basar estas declaraciones grandilocuentes en estudios objetivos y haciendo coincidir estos deseos y necesidades descaradamente con los deseos y necesidades del socialismo y de la izquierda.
    Otro punto es la verdadera dictadura que vivimos por parte de algunas minorías absolutas convertidas en mayorias virtuales solo por coincidir sus inetereses con la filosofia socialista de turno (ej homosexuales, extranjeros, ateos, discapacitados) cuyos derechos le son impuestos a la sociedad en forma prioritaria con el único aval de ser utiles electoralmente para dichas agrupaciones de izquierda.

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