REVISTA JUPITER

"Moral es la felicidad de la mayoría" Adam Smith

La influencia de los medios en el debate público


por Sebastián Lago

 “Si la libertad significa algo, será, sobre todo, el derecho a decirle a la gente aquello que no quiere oír”

George Orwell

¿De qué forma los medios están contribuyendo al desarrollo de diversos debates en la esfera pública?

La libertad de información en Chile llegó, hace 22 años, aunque tal vez no del modo en que quisiéramos. Es innegable que ahora tenemos más posibilidades de manifestar opiniones que hace 30 años atrás. Los medios de prensa, tras casi dos décadas de gobierno militar, abrazaron el libre mercado. Así nació la oferta informacional actual de Chile.

No obstante, a pesar de afirmar que hay más derecho de informar que antes, en nuestro país ocurre un hecho bastante paradójico. Existe un problema a la hora de dar a conocer las noticias en nuestro país, debido a conflictos ideológicos, los cuales han caído progresivamente en un problema de objetividad que muchas veces pasa desapercibido.

Manuel Castells afirma que “La ciencia de las comunicaciones nació así orientada a perfeccionar y perpetuar “el estilo norteamericano” de democracia”. Los posibles efectos negativos de los medios, como la degradación de la cultura, serán vistos como meras disfunciones que el propio sistema se encargara de refuncionalizar”.

Es así como el sistema se encarga, o debería encargarse de filtrar aquellos efectos negativos de la sociedad. No obstante, me atrevo a decir que las comunicaciones no se han perpetuado en una esfera pluralista que busque alcanzar el santo grial de la objetividad. Por el contrario, han pecado de servir a los intereses de una elite que denominaré grupo de interés.

Pero no hablo de la elite económica bajo la caricatura del duopolio Copesa-Edwards, sino de la elite pensante que se alimenta del colectivismo y de diversas formas de comunicación, para implementar a largo plazo reformas estructurales en nuestro actual sistema. O sea, política pura.

Esta elite pensante está constituida por personajes de diversa influencia académica y reflexiva en nuestro país. Su mediaticidad, apoyada por quienes ostentan el poder de la comunicación, los hace ser la única referencia de opinión en el país.

Salinas, en su libro Falsos Consensos, cuestiona al periodismo mediático y deja en evidencia la relación que existe entre este y diversos grupos de interés, los cuales se valen de los medios para generar inestabilidad política.

Para él, “los grupos extremos se definen a ellos mismos con eufemismos -para ahorrar trabajo a sus críticos-, y los periodistas son parte de los movimientos sociales, o como quieran llamarlo. Ellos son los encargados de pasar los avisos para las marchas y de celebrar la “fiesta” que se vive en ellas. Los periodistas son los encargados de decir que los grupos que salen a marchar son “transversales” y espontáneos, y que los encapuchados que destrozan la ciudad no tienen nada que ver con la causa”.

Aquí nace mi pregunta, ¿de qué forma los medios de comunicación están contribuyendo al desarrollo de diversos debates libres en la esfera pública?

Tendríamos que partir definiendo lo público. Según Price, “se forma, teóricamente, a través del tiempo, por medio de argumentos espontáneos, la discusión y la oposición colectiva respecto a un asunto.”

Sin embargo, para Price, las concepciones sociológicas de público se desarrollaron junto a la entonces ciencia psicológica de la multitud.

Convengamos en que el público y la multitud son sinónimos. No obstante, cuando el público deja de razonar, se transforma en multitud. Y es acá cuando los denominados actores sociales influyen de tal forma que consiguen crear un pensamiento colectivo difícil de erradicar.

Los grupos de interés consiguen, igual que el Gran Hermano de Orwell, crear una sensación de realidad en las personas, donde la generación de un debate es casi imposible. Ya que no hay modo de opinar distinto, no hay modo de conseguir tribuna para manifestar disidencias y no hay posibilidad alguna de combatir estas posturas, ya que si seguimos con la analogía orwelliana, nos encontraremos con un ejército de policías del pensamiento.

Citaré como ejemplo, el siguiente extracto de una entrevista por Tonka Tomicic a María Ignacia Benítez, ministra del Medio Ambiente. Donde la primera se rehusó a aceptar que el proyecto HidroAysén no inundará la zona donde será instalado.

Tonka Tomicic: ¿No es discutible aprobar un proyecto que tendría un impacto ambiental importantísimo? Se cuestiona mucho su cargo y la independencia de estas 12 personas que votaron ayer.

Maria Ignacia Benitez: El proyecto inunda 5.910 hectáreas, que corresponden al 0,05% de la región

Tonka Tomicic: Hace ruido que usted dice el mismo texto de Daniel Fernández (Vicepresidente ejecutivo de HidroAysén), como que se hubieran puesto de acuerdo. Uno esperaría que ustedes dijeran algo diferente, es misentir. Si se cuestiona su rol, va por ahí, que está repitiendo lo que dice la empresa.

Salinas afirma que Tonka Tomicic “no estaba interesada en que la audiencia se informara sobre el proyecto. Sus preguntas –si se les puede llamar así-, estaban diseñadas para crear más hostilidad hacia la central. La conductora no estaba dispuesta a oír los hechos. ¿Por qué Tonka cree que es cuestionable que el Vicepresidente de HidroAysén y la ministra del medio ambiente, digan que la central inundará sólo el 0,05% de la región? ¿Tiene ella otra información al respecto?”

De este modo es como estos líderes afirman representar, con sus dichos y sus influencias, a la Opinión Pública, cuando en general solo crean falsos consensos.

Por otro lado, y según Bourdieu, la opinión pública no existe como tal. No es más que la sumatoria de opiniones de determinados grupos de interés, los cuales buscan validar por medio de sus voces el uso de la fuerza y la coacción para conseguir sus objetivos.

Acá es cuando comienza la lucha moral que supedita el denominado “bien común”, o bien de una clase elite política o grupo de interés ante el bien individual y natural de los individuos.

En consecuencia, quiero citar al decano de comunicaciones de la UDD, Cristián Warnken, quien opinó en el diario El Mercurio refiriéndose al cuestionado Mall de Castro, “¿Por qué lo que atenta contra el espacio público y el bien común, lo que puede deteriorar la calidad de vida de los otros logra imponerse con tanta facilidad e impunidad? ¿Y qué es lo público sino lo común, el espacio donde somos con otros?”

Con una segunda y detenida lectura nos podremos dar cuenta que en verdad su discurso se construyó a costa del individualismo de todos.

Apelar a la opinión pública es usar a la razón como falacia para validar el uso de la fuerza. Aysén y El Movimiento Estudiantil, por nombrar algunos, son ejemplos sobre cómo el discurso se pierde y se transforma en un panfleto sedicioso que atenta contra la libertad de las personas.

Tengo conciencia que el concepto de libertad es claramente diverso, desde varias aristas y sobre todo con el diagnóstico, para muchos políticamente incorrecto, que acabo de dar.

Sin embargo, me gustaría definir esta, según Francisco Capella, quién afirma que “La persona es libre si actúa según su propia voluntad sin coacción externa; el derecho de propiedad define relaciones legítimas de posesión entre dueños y bienes económicos. La libertad enfatiza la acción, y el derecho de propiedad enfatiza los medios. La acción libre precisa de medios para llevarse a cabo, y la libertad tiene límites: no puede dañar la propiedad ajena. La propiedad es el ámbito en el cual toda acción está permitida (mientras no dañe a otro), el dueño es libre de hacer lo que quiera con sus posesiones; pero cada individuo no es libre de hacer lo que quiera con la propiedad ajena.”

Los detractores de estos planteamientos podrían afirmar que en verdad el concepto de libertad radica en el colectivismo y que “el pueblo” y sus conceptos de soberanía popular, o lucha de clases, son la base de la emancipación contra la denominada “clase burguesa”.

Marx es el mejor ejemplo para demostrar estos planteamientos.

“Se nos reprocha que queremos destruir la propiedad personal bien adquirida, fruto del trabajo y del esfuerzo humano, esa propiedad que es para el hombre la base de toda libertad, el acicate de todas las actividades y la garantía de toda independencia.”

Para los marxistas la lucha de clases es el motor de su lucha social. No es por nada que el Manifiesto Comunista termina con lo siguiente:

“Los comunistas […] abiertamente declaran que sus objetivos sólo pueden alcanzarse derrocando por la violencia todo el orden social existente. Tiemblen, si quieren, las clases gobernantes, ante la perspectiva de una revolución comunista. Los proletarios, con ella, no tienen nada que perder, como no sea sus cadenas. Tienen, en cambio, un mundo entero que ganar. ¡Proletarios de todos los Países, uníos!”

Volviendo a nuestra área, según Bourdieu “La ‘opinión pública’ que aparece en las primeras páginas de los periódicos en forma de porcentajes (el 60% de los franceses están a favor de…), esta opinión pública es un simple y puro artefacto cuya función es disimular que el estado de la opinión en un momento dado es un sistema de fuerzas, de tensiones, y que no hay nada más inadecuado para representar el estado de la opinión que un porcentaje.”

Claramente vemos colapsados acá los principios liberales, los cuales afirmo y denuncio se están atacando en el día a día, de la mano de diversos grupos. Existe un problema ético donde muchos de nosotros buscamos violentar con ideología, y bañar de moral, diversas luchas sociales, de la mano de encuestas de opinión para así re afirmar nuestras convicciones políticas.

Es cierto que para algunos puede ser una visión sesgada, como lo fue para mí la cita de Marx que acabo de dar y eso es motivo para cuestionar o debatir mis planteamientos mencionados a lo largo de este ensayo.

Y es que Bourdieu remata su visión de lo público con lo más práctico que puede tener el actual ejercicio del periodismo en la política mediática. “la encuesta es, en el estado actual, un instrumento de acción política; su función más importante consiste, quizá, en imponer la ilusión de que existe una opinión pública como sumatoria puramente aditiva de opiniones individuales; en imponer la idea de que existe algo que sería como la media de las opiniones o la opinión media”.

De ese modo es cómo voy articulando esta idea de que los grupos de interés que están generando – o buscando – la desestabilización política, van usando los medios de prensa a destajo para levantar un bastión moral de lucha de clases.

Desde columnas de opinión por periodistas, hasta llamados a la sedición de diversas Radios comunales, el reportaje fotográfico y la entrada flamante del internet como una útil herramienta para información y la desinformación, han puesto a nuestro país en una palestra mediática de red donde el interés político va más allá del interés de desarrollar opinión.

Esto se suma a la forma en que los medios estarían contribuyendo al debate generado por las personas que los observan. Es menester en ese caso hablar de la espectacularización de la noticia.
Gjuranovic, periodista de TVN, expresa con respecto a este concepto que “la información se empaqueta con efectos visuales como cámaras subjetivas, música dramática, tomas cortas y rápidas, cámaras lentas, efectos de sonido y recursos de diseño y edición, que hacen más entretenidos los acontecimientos”.

Por otro lado, el académico Raúl Bendezú otorga una definición de espectáculo que resulta acorde al planteamiento sobre el tratamiento de la información. Para él es la “actividad que a través de diferentes procesos sensoriales intenta atraer y mantener la atención de la audiencia a través de recursos preferentemente visuales, aunque no sean estrictamente así pues a veces se recurre a elementos figurativos en general por medio de gráficas, descripciones, relatos vivenciales u otros”.

Llegamos a la conclusión final de que los medios de comunicación, al ser manipulados por grupos de interés, pueden contribuir a desarrollar un debate político al modo en que estos puedan moldear la información manifestada.

El espacio público se transformaría entonces en lo observado y manifestado por estos grupos, los cuales generarían pautas de debate en el público moldeado a lo que quieran comunicar. Indudablemente es imperativo para la formación de los profesionales del periodismo mantener, más que la objetividad, sabida por todos como imposible, la neutralidad y el profesionalismo del mayor modo.

La influencia de grupos políticos y de diversas posturas ideológicas contribuye a menoscabar el grado de objetividad en la entrega de información para la población chilena. Por consiguiente es cuestionable la manera en que conceptos como pluralidad y libertad se hacen presentes en la contribución de debates en la esfera pública.

Si bien es cuestionable el planteamiento en la medida que la libertad de expresión va de la mano con la postura de ideas, creo fehacientemente que esta libertad no se lleva ni se practica del todo dado los diversos ejemplos planteados anteriormente. Los grupos de interés actúan de buena forma, creando de algún modo un modelo orwelliano chileno donde no hay opción a la disidencia de mente a la hora de informar.

En resumidas cuentas, Chile necesita periodistas capaces de dar a conocer hechos. La frase “no basta con informar”, no tiene mucho asidero en un medio donde debemos generar debate, no posturas.

Bibliografía
Bourdieu, P. (s.f.). La opinión pública no existe. Recuperado en Marzo del 2012, de Sociología Contemporánea: http://sociologiac.net/biblio/Bourdieu_OPE.pdf
Capella, F. (19 de Julio de 2007). Libertad, derecho de propiedad y principio de no agresión. Recuperado en Marzo del 2012, de Instituto Juan de Mariana: http://www.juandemariana.org/comentario/1403/libertad/derecho/propiedad/principio/agresion/
Castells, M. (1995). La cuidad informacional. Madrid: Alianza Editorial.
Ganora, E. (11 de Mayo de 2011). HidroTonka atrincó a ministra Benítez en vivo. Recuperado en Marzo del 2012, de LUN: http://www.lun.com/Pages/NewsDetail.aspx?dt=2011-05-11&PaginaId=8&bodyid=0
Gjuranovic, D. (2004). Espectacularización de las informaciones políticas en medios audiovisuales de Chile: el caso de Mega y Chilevision. Valparaíso: Pontificia Universidad Católica de Valparaíso.
Marx, K., & Engels, F. (s.f.). Manifiesto del Partido Comunista.
Obtenido de Libros Gratis:
http://www.librosgratisweb.com/html/karl-marx/manifiesto-comunista/index.htm
Orwell, G. (1949). 1984. Centro Gráfico.
Ossa, C. (1999). La pantalla delirante: Los nuevos escenarios de la comunicación en Chile. LOM Ediciones.
Price, V. (1994). La opinión pública. España: Paidós Comunicación.
Salinas, F. (2012). Falsos Consensos: No todo lo que sabemos sobre medioambiente es necesariamente cierto. Santiago: Democracia y mercado.
Warnken, C. (15 de Marzo de 2012). Se me activó el detector de snobs. Obtenido de Revista Jupiter: https://revistajupiter.wordpress.com/2012/03/15/se-me-activo-el-detector-de-snobs/

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2 pensamientos en “La influencia de los medios en el debate público

  1. c_henriquez en dijo:

    Interesante articulo, rescato la frase “Los grupos de interés consiguen, igual que el Gran Hermano de Orwell, crear una sensación de realidad en las personas” ; lo que demuestra que los grupos de interes están ideologizados, pues el propio Vaclav Havel afirmaba :

    “El significado de los fenómenos no proviene ya más de los fenómenos en sí mismos, sino de su posición como conceptos en el contexto ideológico. No es la realidad la que modela la teoría, sino justo al revés (…) Precisamente porque el sistema está cautivo de sus propias mentiras, debe falsificarlo todo. Falsifica el pasado; falsifica el presente y el futuro; falsifica las estadísticas (…) Las personas no necesitan creer todas estas mistificaciones, pero deben comportarse como si lo hicieran, o al menos, las deben tolerar en
    silencio o llevarse bien con los que las administran.”

  2. farfaramir en dijo:

    Completa e interesante columna. Como resaltar aquellos elementos en que estoy de acuerdo no tendría mucho sentido, prefiero señalar los que discrepo y añadir que estoy de acuerdo con todo lo demás.
    Primero, grupos de intereses siempre habrán, especialmente cuando existen opiniones diversas. A veces no se trata de grupos organizados sistemáticamente, puede ser meramente azaroso. A cada grupo le interesara defender su propia postura y la de sus integrantes, y en ello no hay daño. El asunto se vuelve complejo cuando uno de los grupos monopoliza las tribunas de opinión cerrando la de los otros; o, como señala la columna, cuando estos se sirven de los medios de comunicación para imponer esta visión sobre los otros. Ahora, no creo que en Chile haya monopolios de opiniones, salvo en ciertos temas puntuales. En general, la prensa informará en uno u otro sentido pero es extraño encontrar opiniones uniformes sobre distintos temas, incluso en las grandes cadenas de televisión y periódicos. Así, el columnista señala que los medios se enfocan en señalar que las marchas fueron espontáneas y los hechos de violencia aislados; opinión que encuentro un tanto arriesgada, considerando que se ha criticado a muchos medios por promover exactamente la visión opuesta.
    Mi punto en este sentido no es discutir sobre la legitimidad de las marchas, sino que demostrar que la variedad de visiones existe en los medios de comunicación masivos, incluso entre los más grandes. No es extraño por esto que Carlos Peña, por ejemplo, tenga espacio para expresar opiniones diversas en un conocido diario de marcada línea de derecha, o Alfredo Jocelyn Holtt tenga tanta tribuna en The Clinic. En ese sentido, afirmar que existen monopolios de verdad para manipular a la masa creo que es erroneo.

    Por supuesto, se podría afirmar que los medios conducen la opinión pública en uno u otro sentido, resulta curioso por ejemplo la forma en que los medios desinforman sobre el caso Pitronello. Sin embargo, creo que eso es más bien fruto de un trabajo periodístico deficiente más que un verdadero interés de, por ejemplo, la fiscalía o el gobierno por “llevar la opinión pública hacia un odio a Pitronello”.

    Ahora, sobre el caso de Tonka, es cierto, un caso individual puede representar un intento de conducir la opinión del público en cierta dirección. Sin embargo, no es menos cierto que existen espacios para la divergencia, por lo que la democracia chilena ofrece la oportunidad de que una manipulación de este tipo sea contrarrestada por esos espacios.

    Creí que iba a discrepar con más cosas, pero en general, una excelente investigación. No soy periodista ni se tanto de teoría al respecto, así que las opiniones vertidas acá arriba son meras apreciaciones personales.

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